domingo, 13 de febrero de 2011

UNIVERSIDAD DEL PAIS VASCO : DOCENTES NO MUY DECENTES (O AL MENOS POCO CONSECUENTES)

Esta semana el sindicato UGT ha difundido las cifras de participación del personal de la Universidad el País Vasco (UPV/EHU) en la huelga del pasado 27 de enero contra el recorte de las pensiones. Ateniéndonos a los datos facilitados por el Rectorado, secundaron la huelga 184 trabajadores (un 10,03 %) del personal de administración y servicios (PAS) y 31 profesores (un 0,58 % del total de la plantilla docente). Al hacer públicas estas cifras la UGT pretende seguramente resaltar la escasa participación en una convocatoria en la que no tomó parte (los sindicatos convocantes eran LAB, ELA, STEE y algún otro sindicato nacionalista). Yo, que por distintos motivos no secundé la huelga, siento sincero respeto por los que sí lo hicieron y además comparto con ellos el convencimiento de que existen motivos para la movilización social. Precisamente por esto mismo creo que las cifras de participación del personal docente (PDI) en la UPV/EHU merecen un comentario más detenido, aunque seguramente por razones distintas de las que UGT ha querido resaltar al hacerlas públicas.
Para empezar hay que aclarar algunos pormenores. En la UPV/EHU, como en todas las universidades españolas, nos regimos mediante un sistema de organización autodenominado estamental, igual que en la Edad Media. Esto, que para ciertas cuestiones puede tener razón de ser, comporta numerosas paradojas que casan muy mal con la pretendida cultura democrática e igualitarista que supuestamente inspira el funcionamiento de esta institución. Como por ejemplo el hecho de que existen dos categorías de trabajadores, con sus propios escalafones y con condiciones laborales absolutamente distintas: el personal docente (PDI) y el de administración y servicios (PAS). Para estos existe un sistema de control de asistencia y permanencia en el puesto de trabajo (la clásica ficha que hoy en día es electrónica), cosa que no existe para los segundos. No es mi intención entrar a discutir esta cuestión que, como PAS, tengo asumida desde hace años. Lo que ahora me importa es destacar lo que sucede cada vez que se convoca una huelga, especialmente una huelga general (y por tanto política). Para el PAS, como ya se ha dicho, existe un sistema electrónico de control de asistencia que permite verificar la participación en la huelga: es decir, si uno no acude a su puesto de trabajo y no aporta ninguna justificación (el abanico de estas es muy variado) puede inferirse que ha participado en la convocatoria, independientemente de si lo hubiera manifestado expresamente. Con el profesorado no existe un sistema análogo, así que cada vez que se produce una convocatoria de huelga las autoridades académicas remiten un escrito en el que exhortan a los eventuales participantes a reconocerlo expresamente en caso de que hayan participado en la misma. Como es lógico, tanto para unos como para otros (PAS y PDI) secundar la convocatoria puede acarrear el consecuente descuento en sus nóminas.
Como se ve por los datos que arriba se indican, en la huelga del pasado 27 de enero, solo 31 profesores de un total de 5316 reconocieron haber secundado la convocatoria de los sindicatos nacionalistas. Cabe señalar que en las últimas elecciones sindicales (2007) los sindicatos convocantes de la huelga obtuvieron 757 votos entre el profesorado. Aun admitiendo que una parte importante de esos votantes no deseara tomar parte en la huelga, ¿no es un 4 % (31 de entre 757) un porcentaje de fidelidad sindical sospechosamente raquítico? Con seguridad la participación “de boquilla” habrá sido mucho mayor pero la expresamente reconocida ya se ve en qué se queda. En otras ocasiones esta cuestión ya había suscitado controversia: sostenían los docentes que a santo de qué les van a obligar a autoinculparse de la participación en una huelga, que si el Rectorado no tenía medios para comprobar la asistencia de los docentes a sus puestos no era problema de los trabajadores. A mi estos argumentos, disfrazados de una suerte de “insumisión” me suenan a puro y duro escaqueo. Al fin y al cabo si un trabajador hace huelga es precisamente para que se note y se sepa. La eventual reducción que esto suponga para la nómina no hace sino otorgar mayor legitimidad a la reivindicación del trabajador, dispuesto a asumir ese perjuicio. Esta forma de pensar es, como se ve, residual entre el PDI de la UPV/EHU. El rectorado lo debe de saber tan bien que ya ni tan siquiera se preocupa de ordenar a la sección de nóminas los descuentos retributitos para los “heroicos” autoinculpados (y la verdad es que tendría narices).
En fin, lo más escandaloso de todo este circo es que las últimas huelgas han ido acompañadas de encendidas soflamas y retóricas adhesiones. Esto habría estado muy bien si las cifras de participación hubieran concordado con la dialéctica que desplegaron las centrales sindicales. Pero se ve que no ha sido así y lo que han hecho los sindicatos es sencillamente callarse, pasarlo por alto, puesto que esta negativa a reconocer expresamente la adhesión del PDI cuenta con la absoluta connivencia de los convocantes. Así que el fervor huelguista, a los docentes se les supone como a los soldados el valor. El fenómeno forma parte de esa idiosincrasia picaresca tan española (je, tiene gracia la filiación) que nos lleva a considerar meros tontos a los que por fidelidad a una causa están dispuestos a que les toquen la cartera. En el último caso han sido, en tendencia sospecho que acusadamente decreciente, tan solo 31 tontos. Sencillamente patético.

jueves, 27 de enero de 2011

POBRES Y FUNCIONARIOS

Josep Antoni Durán i Lleida: “El problema es si la sociedad pretende que al Congreso venga simplemente gente que no tenga propiedad, si pretende la sociedad que esta Cámara sea de funcionarios y de gente pobre, porque si es así, vamos por el mejor de los caminos”.

Lo reconozco, siempre he sentido una cierta insatisfacción profesional. Porque pese  a que terminé mi carrera con un buen expediente y pese a que en la juventud exploré otros caminos más aventurados, finalmente he acabado como funcionario de medio pelo en una biblioteca universitaria. Un destino profesional no demasiado brillante y, lo que es peor, con pocas expectativas. Supongo por tanto que, a juicio de Durán i Lleida, no merezco formar parte de esa élite llamada a representar al pueblo en las cámaras parlamentarias. No al menos si se me juzga por mis emolumentos y mi condición funcionarial. La verdad es que nunca he sentido la llamada de la política pero a uno, por muy asumida que tenga su medianía en el escalafón social, no le gusta que le digan que ni aun por mucho empeño que pusiera llegaría a reunir condiciones para entrar merecidamente en la cosa publica. Es como recordarnos (a los pobres y a los funcionarios) que nuestra mediocridad económico-laboral es consecuencia directa de nuestra ineptitud.
No voy a entrar en el tono peyorativo hacia el funcionariado que obviamente denota la frase del político catalán, hay algo que asusta mucho más: es ese espíritu aristocrático que recuerda al de un senador de la antigua república romana y que liga la competencia política con la fortuna personal. Ni el mismísimo Cicerón lo habría expresado con mayor claridad. Según el argumento de Durán i Lleida poseer una trayectoria profesional lucrativa (lo que generalmente implica provenir del mundo de la empresa) es lo que mejor acredita tu capacitación para la vida parlamentaria. Esto por supuesto excluye a la inmensa mayoría de los empleados públicos y asalariados del sector privado. ¿Qué nos queda? No hace falta responder, pero vamos a ponerlo por escrito: directivos de empresa, profesionales liberales de prestigio y, excepcionalmente, algunos funcionarios de incuestionable valía (médicos, jueces, catedráticos…). O sea, la aristocracia superpuesta a la democracia.
Seguramente el nivel de nuestros diputados y senadores no es precisamente brillante; al contrario, la clase política española ha dado sobradas muestras de incompetencia técnica y falta de ética personal. Pero dudo que ninguna de estas dos variables (la meramente técnica y la de índole moral) quede positivamente condicionada por el hecho de disfrutar de buenas nóminas y prósperos patrimonios. El mérito no va necesariamente ligado al dinero de igual manera que el talento y la aptitud no están reñidos con la irrelevancia profesional.  Como decía hoy Maruja Torres en El País, sabemos muy bien qué clase de políticos no queremos en los parlamentos y muchas veces esa clase de políticos indeseables coincide con exitosos empresarios o profesionales de fulgurante trayectoria (no vamos a dar nombres). En el episodio que nos ocupa, la pataleta de Durán i Lleida me recuerda a la jactancia de ciertos políticos que demuestran su sacrificio por la nación manifestando que su oficio representativo les reporta mucha menor ganancia que la que obtendrían por sus méritos profesionales en cualquier otra actividad. A unos cuantos de estos les agradeceríamos que renuncien al sacrificio, abandonen la política y retornen a sus quehaceres privados. Todos ganaríamos, aunque les sustituyera algún pobre o algún funcionario.
+Info: La salida de tono del político de CiU tiene relación con una iniciativa parlamentaria para que los diputados declaren públicamente sus patrimonios. La  matización que expone en su blog  (Privilegis dels polìtics) no acaba de limpiar el tono elitista que denotan las frases transcritas por la prensa: véase la noticia en El Correo y en El Periódico (con un vídeo en el que se escucha el comentario polémico).

domingo, 16 de enero de 2011

JOVENES PARADOS Y TRABAJADORES VIEJOS (PENSIONES BULIMICAS)


El escritor alemán H. M. Enzensberger sugirió a principios de los noventa que las sociedades ricas occidentales sufren de "bulimia demográfica": por una parte exigen un constante suministro de mano de obra (especialmente para aquellas tareas que los nativos van rechazando), mientras al mismo tiempo idean trabas para frenar el flujo migratorio. El conglomerado que forman el mercado de trabajo y el sistema de seguridad social va camino de adquirir esa misma condición bulímica: necesita dar entrada a nueva mano de obra joven y rebajar la edad media de las plantillas, pero simultáneamente la inminente reforma del sistema de pensiones mantendrá a los trabajadores más años en sus puestos, lo que tapona la entrada de nuevos asalariados jóvenes y eleva la edad media de los empleados. Así, el mercado laboral pide alimento, pero el sistema de pensiones quiere adelgazar, con lo cual tendremos plantillas envejecidas y más paro juvenil. Hoy resulta difícil sostener la inviabilidad demográfica del sistema de pensiones en un país con una tasa de desempleo superior al 20%, todo un contingente de potenciales cotizantes que por ahora son tan perceptores como los jubilados. Pero la solución que nos proponen para el envejecimiento demográfico es de naturaleza maltusiana, como si estuviéramos en el siglo XIX: puesto que la población pensionista crece más que los recursos disponibles para sostenerla (las cotizaciones), hagamos que disminuya el número de jubilados. Es evidente que la alternativa sería incrementar los recursos necesarios para el sostenimiento de una población perceptora creciente. Esta opción requiere cambios profundos en el sistema de financiación de las pensiones, en el sistema fiscal y también en un sistema productivo incapaz de ocupar a toda la población activa. Pero no se va a hacer. Y en el futuro, si nadie lo remedia, tendremos sociedades bulímicas, plenas de jóvenes parados y trabajadores viejos. Sociedades más enfermas y, posiblemente, más conflictivas.
Nota: este artículo se ha publicado en la sección Cartas al Director de El País.
+Info: la cuestión de las pensiones ha suscitado en los últimos meses gran controversia e ingente literatura. En la línea que aquí se defiende recomendamos un reciente artículo de Vicenç Navarro, uno de los economistas que con más solvencia está refutando las tesis liberales sobre la reforma de las pensiones, actualmente predominantes y asumidas por el gobierno de Zapatero.

jueves, 13 de enero de 2011

DIOS WILDER

Ayer echaron por La 2 de TVE “¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?”, de Billy Wilder. A parecida hora emitían la mucho más reciente “El Orfanato” de Juan José Bayona, de la que tengo muy buenas referencias pero no he visto. Así que estuve dudando: o pasar miedo con Belén Rueda o revisionar una vieja película con Jack Lemmon. Me decidí por el clásico y fui feliz durante dos horas. Siempre da gusto ver una película de Billy Wilder, pese a que no se trate de una de las mejores, quizás ni tan siquiera de una gran película. Pero es lo que tienen los genios: hasta sus obras menores son pequeñas maravillas comparadas con la mayoría de lo que suele verse. El maestro vienés (trasunto de Dios para Fernando Trueba) es el rey del ingenio y los diálogos brillantes: difícil olvidar ese “Nadie es perfecto” que pone punto y final a “Con faldas y a lo loco”. En la película de ayer, adaptación de una obra de teatro, la mano de Billy Wilder se adivina inconfundible en hilarantes momentos, como cuando entra en escena ese diplomático norteamericano al que el director del hotel Excelsior (inolvidable Carlucci) recomienda los baños de lodo locales (que curan dolencias de todo tipo además de la impotencia)  para mantener “una acidez de estómago  propia de un joven de 20 años”. Quizás la película parezca algo lenta a ratos, quizás abuse de tópicas y ñoñas melodías italianas, pero solo por esos momentos en los que Wilder echa mano de su ingenio intemporal merece la pena. Y al final te vas a la cama feliz, reconciliado con la vida, encantado de haber disfrutado de esa sencilla historia que saca chispas de la eterna confrontación entre lo racional (lo americano, lo ordenado y previsible, el personaje del inmenso Jack Lemmon) y lo pasional (lo italiano, lo caótico e imprevisible, el inefable Carlucci y el personaje de Pamela). Dos horas de verdadero placer. Por cierto, una de las grandes ventajas de la TDT que no me cansaré de pregonar es la posibilidad de ver las películas en versión original con subtítulos. Si a esto le sumamos la ausencia de anuncios en TVE no es de extrañar que La 2 se esté convirtiendo en el mejor videoclub gratuito que se pueda imaginar. Esperemos que sigan en esa línea (hace no mucho programaron “Irma la dulce” y en breve emitirán “El apartamento”, quizás la mayor genialidad de Billy Wilder).
+Info: Billy Wilder en IMDb (en inglés y en español)

viernes, 17 de diciembre de 2010

NICOTINA VIRTUAL

Estos días el diario El País promociona a través de su sección de ventas cigarrillos electrónicos, un artefacto cuya existencia yo desconocía pero que al parecer goza ya de una considerable difusión. Como diría un geek conforme a su convencional dicotomía, se oponen a los cigarrillos analógicos o sea, los de siempre, cuyo sabor y sensaciones se las apañan para imitar con el concurso de la más sofisticada tecnología. Su principal utilidad parece ser la de ayudar en el arduo propósito de dejar de fumar o simplemente servir de sustituto del tabaco analógico cuando no se quiere o no se debe molestar al vecino, lo que puede ofrecerles una excelente oportunidad en el próximo escenario de proscripción de la nicotina en el espacio hostelero. Hasta ahora conocíamos el sexo virtual, que en realidad no es sino un remedo de la masturbación de toda la vida solo que con apoyo audiovisual interactivo. Con esto del tabaco añadimos un nuevo vicio a la lista de los ciberpecados. Quién sabe si en esta línea no llegaremos a conocer el porro digital, la cocaína electrónica y hasta un emulador gastro-virtual que nos proporcione placeres de gourmet sin tener que pasar por la mesa de un restaurante de autor, con las onerosas consecuencias financieras que esto suele acarrear. En fin, en cualquier caso los  susodichos cigarrillos no son sino un sucedáneo más de los que proliferan en este mundo cada vez más second life, en el que las estrellas de Hollywood ya no se pasan pitillos humeantes, no vaya a ser que los espectadores caigamos en el vicio presos de la fascinación. Como me dijo mi mujer al comentar el asunto, y tirando de un símil muy bibliotecario-documental, estos nuevos cigarrillos son monopuesto y presenciales pero igual pronto podremos fumar on line. Aunque no tan placentero, posiblemente sea menos nocivo que cascarse un habano (aunque sobre esto también hay dudas).
+Info: un artículo conciso y esclarecedor en Wikipedia

domingo, 28 de noviembre de 2010

EL GRAN CLASICO

Madrid, 2015: se van a celebrar las primeras elecciones autonómicas post-Aguirre. Concurren como candidatos, por el Partido Popular, una madura Ana Botella que ha decidido quemar su último cartucho político gobernando la Comunidad; por el PSOE, Trinidad Jiménez, que tras dejar la cartera de exteriores se volcó en la pugna por conseguir lo que siempre había deseado, gobernar Madrid; y por el emergente  PC (no se asusten, no es un canto de sirena de los viejos comunistas, se trata del nuevo Partido del Corazón), la inefable candidata Belén Esteban, a la que las encuestas auguran un prometedor resultado. Tres candidatas (cómo ha evolucionado España, tres mujeres en liza) y una fecha, el último domingo de mayo, para dilucidar quién gobernará la Comunidad Autónoma madrileña. Sin embargo la última semana de campaña las proclamas de las aspirantes pasan desapercibidas, las ruedas de prensa apenas ocupan sitio en los telediarios, los mítines congregan escasos seguidores y el debate final emitido por la televisión autonómica, con las tres políticas en el plató, cosecha una raquítica audiencia. Nadie parece interesarse por la contienda electoral, empezando por unos medios que le prestan nula atención. ¿Qué ocurre? No hay más que pararse a ver un noticiero televisivo, de cualquier cadena y a cualquier hora, pues todos tienen consagrado su espacio a una única noticia, un evento en ciernes que parece concitar unívocamente la atención de todos los espectadores, locales, regionales, nacionales y hasta mundiales: el gran clásico del fútbol español, el Madrid-Barça que coincide con el día de las elecciones. Todo lo demás se ventila en unos minutos, pues las noticias relativas al encuentro ocupan el meollo de todos los medios informativos, sean impresos, radiofónicos o televisivos: el precio de las entradas, las posibles alineaciones, el menú de los jugadores el día del partido, la marca de las chocolatinas que devora Mourinho en el banquillo (¡cinco años en el Madrid!), el color de las colchas de las habitaciones en las que pernoctará la expedición barcelonista y hasta el tipo de calzoncillos (bóxer o slip) que predomina entre la plantilla futbolística del Bernabéu. Todo importa, todo interesa. Es el clásico, un evento mundial.
Repentinamente, dos días antes del partido, las autoridades toman una drástica decisión. Puesto que el encuentro coincide con los comicios y para evitar que esta circunstancia perjudique a la participación electoral se estipula un cambio de fecha: las elecciones se trasladan al lunes siguiente al día del partido. La medida se adopta con el consentimiento de las directivas del F.C. Barcelona y del Real Madrid, a las que obviamente se ha consultado su parecer, y de la cadena televisiva que emitirá el acontecimiento. Tan pronto se conoce la noticia, los aficionados aplauden la decisión, los medios la elogian y los partidos políticos respiran tranquilos, satisfechos de que por una vez se haya actuado con sensatez.
Epílogo: por si alguien no ha captado la ironía hay que recordar que durante estas últimas semanas (volvamos al presente, noviembre de 2010) radios, periódicos y sobre todo televisiones llevan dedicando innumerables páginas y horas de emisión al partido que enfrentará a Barça y Madrid el lunes 29 de noviembre. No es que el evento carezca de interés, al menos para los seguidores de estos equipos, pero la desproporción del caudal mediático generado es astragante. Y seguramente a una importante parte de la audiencia no solo se le está cansando sino también escatimando otras noticias cuyo espacio ocupa este omnipresente y fagocitante partido. O sea que, como tantas veces, la noticia la crean o al menos la “dimensionan” los medios, independientemente de la verdadera dimensión social de la misma. En el caso que nos ocupa, después de las últimas novedades sobre el reparto de los derechos televisivos futbolísticos, esta atención desmedida se nos figura como las arras que intercambian los mass media y los clubes poderosos en su particular matrimonio de conveniencia.
+Info: un reciente artículo de David Trueba en El País sobre la relación televisión-fútbol.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

RACIONALISMO

Cuando era joven (bueno, mi padre me corregiría, “cuando era más joven”) solía gastar el tiempo con un amigo recopilando fachadas, portales y otros detalles arquitectónicos en un Bilbao Pre-Guggenheim que ya entonces nos parecía mucho más surtido de edificios interesantes de lo que su fama de ciudad fea y gris permitiría colegir. ¿Bilbao fea? Bueno, si la comparabas con Donostia y su postal del marco incomparable puede que sí, pero si paseabas atento por el Ensanche y el Casco Viejo resulta que la ciudad no era más fea que la mayoría de las ciudades españolas, incluso resultaba más agraciada que buena parte de ellas. Y eso con la ría todavía hecha un lodazal escoltado por ruinas industriales y sin ese catálogo de construcciones Pritzker que ahora se reflejan en la lámina de agua del Nervión. Del surtido de edificios interesantes nos llamaban la atención de un modo especial los ejemplares racionalistas de los años 30-40 del siglo XX, tan abundantes en Bilbao. Leo ahora que el director de cine Javier Rebollo va a presentar en el festival Zinebi (de cortos y cine documental) una película sobre la arquitectura racionalista en Euskadi. Me gusta la noticia, pues aunque seguramente el documental pasará desapercibido al menos momentáneamente muchos serán conscientes (algunos por primera vez en su vida) del patrimonio arquitectónico que tenemos sin darnos cuenta delante de nuestras narices. Seguramente la arquitectura racionalista es la que mejor refleja la idiosincrasia estética bilbaína y, con permiso del Guggenheim (un icono emblemático y como tal una excepción), el repertorio de edificios racionalistas es la imagen más particular y específica de Bilbao, casi una seña de identidad que la diferencia de otras ciudades. Por eso deberían protegerse, mimarse, cuidarlos y evitar que se pierdan. Como seguro que va a ocurrir pronto con el viejo edificio del RAG, donde con suerte se levantará la enésima fachada epatante cuando no un nuevo pastiche historicista que “se integre con los edificios colindantes”. Está muy bien la nueva arquitectura contemporánea de Bilbao, hace moderna la ciudad, pero 80 años atrás también la hicieron moderna La Equititiva, La Aurora Polar, el "rascacielos" de Bailén… y el Garaje RAG cuyo derribo se autorizará en cuanto la coyuntura inmobiliaria lo aconseje. Pues eso, un ejemplo más de que las instituciones son sostenibles solo cuando les conviene sostener (lo cual, éticamente, no se sostiene).
+ Info en El Correo

miércoles, 17 de noviembre de 2010

ALICIA CROFT

El chaval, un púber de apenas doce años, mueve compulsivamente el mando de su Wii apuntando a la gran pantalla plana del televisor, 42 pulgadas nada menos. En la pantalla, una patera petada de histriónicos hombrecillos oscuros intenta evitar los zambombazos que le llueven por doquier. Cuando acabe con la patera el chico deberá enfrentarse a un violento grupo de manifestantes independentistas y antisistema que amenazan con provocar severos desórdenes en el centro de Barcelona. La heroína del videojuego podría ser Alicia Croft, el último icono mediático del Partido Popular en la campaña electoral catalana. No vamos a entrar en el transfondo ideológico que conlleva “jugar” a la eliminación física de inmigrantes e independentistas, por muy metafórico que se pretenda el mensaje. Lo verdaderamente llamativo es que este artificio publicitario se inserte en una campaña electoral. Así que una de dos: o los responsables de comunicación del PP en Cataluña son unos incompetentes por no prever que semejante idea puede volverse contra la heroína-candidata, Alicia Sánchez-Camacho “Croft”; o bien la maniobra tiene intenciones más sibilinas y lo único que se pretende es generar agitación en torno a la cuestión de la inmigración, un tema muy sensible en Cataluña (acordémonos del reciente asunto de los rumanos en Badalona). Así, aun a sabiendas de que el videojuego iba a suscitar controversia (al parecer ya se han cambiado los “inmigrantes ilegales” por las “mafias ilegales”) el PP consigue a muy bajo coste decir lo que muchos potenciales votantes quieren oír pero un partido que se quiere moderado no puede proclamar en voz alta: mano dura con la inmigración. Al loro porque este tema cada vez va a contaminar más y más la vida política y nuestra convivencia social.
+Info: en Público y en ABC

miércoles, 13 de octubre de 2010

ABUCHEOS PATRIOTICOS

Los presidentes están acostumbrados a que les silben por las calles, aunque no sean guapos. Es algo que debe de ir en el cargo. Al de ahora, Zapatero, le caen cada año unas cuantas pitadas pero hay una que se viene repitiendo con puntualidad ritual casi desde que tomó posesión del cargo. Se trata, como no, del tradicional abucheo del 12 de octubre, día de la Pilarica, de la Hispanidad y día también del gran desfile militar con el que se celebra la Fiesta Nacional. Lo suyo sería que, de hacer algo, se hiciera un acto civil pero como después del franquismo hubo que dejar quietas algunas cosas (como la monarquía, pongamos por ejemplo) se sigue celebrando la fiesta de la nación con un desfile. Y ya llevamos muchos años viendo qué clase de público tienen los desfiles… Así que lo de la pitada a un presidente sociata  en ese acto no deja de ser normal, máxime si los políticos y los medios de la derechona se han encargado de caldear debidamente el ambiente: que si con la conspiración del 11-M primero, que si con los ataques a la familia o a la Iglesia después, que si con la crisis y con el paro ahora, y con todos los males que, por mayor o menor culpa de Zapatero, España padece. Lo más gracioso de todo es ver a los políticos del PP lamentar en alto la grosería que suponen los abucheos cuando por lo bajinis se regocijan de los mismos. En fin, que España habrá culminado del todo la transición el día en que en un desfile militar el público abuchee a un presidente de derechas por hacer una política conservadora. O mejor aún, cuando para celebrar el 12 de octubre a nadie le parezca oportuno hacer ningún desfile militar. Eso sí que estaría bien…
+Info: En El País

viernes, 2 de julio de 2010

VERSION ORIGINAL


Justo la misma semana en la que el Tribunal Constitucional da a conocer su sentencia sobre el Estatut, el Parlament de Catalunya aprueba por abrumadora mayoría la nueva ley del cine, que entre otras cuestiones obliga a proyectar en catalán la mitad de las copias dobladas o subtituladas de otros idiomas extranjeros. Los distribuidores y los exhibidores, que ya hicieron una particular huelga por esta cuestión el pasado mes de febrero, se han tomado muy mal la nueva ley que, auguran, perjudicará severamente al negocio del cine en Cataluña abocando a muchas salas al cierre. Los militantes de la Plataforma per la Llengua, contrariamente, se felicitan por la nueva reglamentación. Los primeros han advertido de una consecuencia que posiblemente se derivará de la aplicación de la ley: las grandes productoras norteamericanas, que copan una buena parte de la taquilla, exhibirán sus películas sólo en lengua original, ni subtituladas ni dobladas, ni en catalán ni en español, solo en inglés, y punto. Supongo que en el British Council estarán frotándose las manos solo de pensar el impulso que esta tesitura supone para la lengua inglesa, cuyo conocimiento se extenderá forzosamente en Cataluña a la misma escala que, pongamos, en Finlandia o Dinamarca, donde hasta las bisabuelas nonagenarias hablan con fluidez en la lengua del Imperio. Una buena noticia también para las academias de idiomas, encargadas de garantizar que las presentes y futuras generaciones puedan seguir yendo al cine. Por último, quizás suponga también una excelente oportunidad para aquellas cinematografías dispuestas a pasar por el aro del doblaje bilingüe: quién sabe, puede que de aquí a unos años los mayores taquillazos en Barcelona sean obras de la última hornada de realizadores búlgaros (eso sí, subtituladas en catalán).
Poniéndonos serios, la política debería estar al servicio de los anhelos de los ciudadanos. Dicho de otra manera, la administración debería dedicarse a procurar que la gente tenga eficazmente resueltas sus necesidades, que obtenga lo que precisa y por tanto demanda. Esto generalmente implica obviar las cuestiones simbólicas, que a la postre son sin embargo las que con más facilidad excitan nuestras pasiones, lo que obviamente tiene mayor rendimiento electoral. Quizás haga falta recordar que muchos de los debates domésticos catalanes que más repercusión mediática han tenido últimamente poseen ese transfondo simbólico: los toros, el burka y ahora el doblaje de las películas. En cierta forma ha pasado también con mismísimo Estatut, aprobado en un referéndum en el que participó menos de la mitad del electorado. Dudo que estas sean, ni de lejos, las principales preocupaciones de las personas.
En el asunto que nos ocupa, ¿de verdad la población catalana estaba demandando con tanto ahínco cine en lengua vernácula? Porque si así fuera yo creo que el propio mercado lo evidenciaría sin necesidad de establecer cuotas o reglamentos, es decir, sin necesidad de que la administración interviniera en ello más allá de lo estrictamente necesario para garantizar una oferta que satisficiera la demanda real. Pero una vez más, y en esto los catalanes van camino de ganarnos a los vascos, lo que está en juego es la cuestión identitaria. En este sentido es muy interesante el capítulo que dedica al asunto Vicenç Navarro en El subdesarrollo social de España, donde sostiene que en Cataluña la cuestión nacional actúa como un velo que impide discutir problemas sociales y económicas que afectan de una manera mucho más decisiva a la vida de las personas. Algo que me temo que en cierta forma el actual gobierno “de izquierdas” ha heredado de los anteriores gobiernos de CiU. En esto del doblaje del cine presiento que la administración también interviene atendiendo a imperativos simbólicos y cálculos electorales de una manera innecesaria y paternalista, al estilo del déspota ilustrado que actúa anticipándose a la demanda de la sociedad. A algunos, a muchos, les contentará la nueva ley, más quizás por su carga ideológica que por razones meramente prácticas. A otros, muchos también, les dejará indiferentes, al menos por lo que concierne a la repercusión de la misma en sus vidas. Y a las salas de cine seguramente les vendrá mal. Pero es que las elecciones autonómicas están cerca…
+Info: la noticia en El País y en Avuí