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viernes, 21 de diciembre de 2012

GRECIA: MÁS POBREZA, MEJOR RATING

A primera vista parece una buena noticia: Standard & Poor´s sube seis escalones la calificación de la deuda griega. Es decir, el prestigio crediticio del país aunque permanece en entredicho recupera algo de credibilidad. Sin embargo la actuación de la agencia de calificación de riesgos es capciosa: resulta que Grecia mejora su nota a medida que su población se depaupera y que su gobierno usa la tijera con saña creciente. La imagen de la agencia EFE de un indigente durmiendo en la calle que acompaña a esta noticia en algunos periódicos ilustra de manera fehaciente el modelo social al que estamos abocados. No sé si los griegos deberían alegrarse por la recalificación de su deuda, lo que si sé es que las mismas agencias que con sus maniobras han contribuido a alentar la bancarrota de ciertos países demuestran con esta actuación que están dispuestas a premiar las políticas de recortes: sé bueno y te adelanto en el alfabeto del rating. ¿Quién gobierna hoy el mundo? ¿Qué tipo de sociedad propugnan los amos anónimos del nuevo universo? Da que pensar.
Nota: este artículo se ha publicado en la sección Cartas al Director de El País
+Info: la noticia en El Correo

miércoles, 16 de marzo de 2011

JAPÓN

La tragedia de Japón ha puesto sobre el tapete unas cuantas verdades que suenan a tópicos pero que solemos olvidar. Entre otras, que el ser humano vive como si tuviera bajo control su entorno cuando en realidad estamos casi tan a merced de la naturaleza como lo estaba la humanidad paleolítica. El soniquete de “no somos nada” adquiere sentido literal al contemplar esa enorme ola que avanza arrasando cuanto encuentra a su paso. Lo paradójico del drama japonés es que, lamentablemente, “sí somos algo”, pues en la ruta del tsunami se nos ocurrió poner centrales nucleares y ahora que la naturaleza se ha calmado lo que nos acecha es el riesgo de la radiación. Por lo que a las desastrosas consecuencias de lo inevitable (la fuerza destructora de los elementos) se unen las consecuencias igualmente lamentables de las decisiones humanas conscientes (y por tanto evitables). Que después de esto eludamos un debate en el que se ponderen necesidad y riesgos de la energía nuclear sería una irresponsabilidad descomunal. Por cierto, hay quién dice que descartar la porción de energía que producen los reactores atómicos nos obligaría a utilizar otras fuentes quizás más contaminantes y caras (ligadas por supuesto a los combustibles fósiles). Hay que recordarles que hay otra alternativa, bien simple: producir menos energía. Estoy seguro de que si el gasto energético per capita universal se redistribuyera de manera más equitativa, prescindir de la energía nuclear no repercutiría ni un ápice en los hábitos de vida de la mayoría de la humanidad. Dicho esto, lo único que importa ahora es que Japón se salve de la catástrofe. Pone los pelos de punta imaginar un Tokio post-holocausto deshabitado, fantasmagórico.
+Info: la situación en Japón en la fecha de este post según El País