jueves, 13 de septiembre de 2012

SEPARATISMOS CÍVICOS, SEPARATISMOS POLÍTICOS (CATALUÑA VERSUS EUSKADI)


Parece que, tras treinta años de estado autonómico, la sutura que une a las nacionalidades periféricas con el Estado Español corre serio riesgo de romperse por donde con menor violencia se había producido la herida. Quién diría hace un par de décadas que el gran órdago al poder central iba a venir no de la desangrada Euskadi, donde una organización luchaba por la independencia con denuedo, bombas y metralletas, sino desde la pacífica y sibilina Cataluña, que había auspiciado en plenos años 80 un proyecto de Estado a escala española con motor catalán: recordemos que en la conocida como “Operación Roca” el político convergente Miquel Roca fue candidato a la presidencia del gobierno desde las filas del Partido Reformista Democrático, una formación hermana de CiU promovida por el poder económico español.
La nueva ola de independentismo catalán es un fenómeno complejo en el que intervienen factores muy diversos, sociales, políticos y económicos, de los que se ha escrito y hablado prolijamente durante estos últimos días. En relación con los primeros, los factores sociales, me gusta la idea que ha destacado Josep Ramoneda sobre el cambio generacional: buena parte de la actual población catalana ha crecido en un ambiente cultural y político abiertamente proclive a la concepción de Cataluña como una nación. Las razones de índole política tienen un origen tan remoto como la concepción del estado autonómico que consagra un encaje marcadamente uniforme en el Estado para todas las comunidades autónomas (pese al fracaso de la LOAPAde 1982) y encuentran su epílogo en la sentencia del Tribunal Constitucional (junio de 2010) contra el Estatut de 2006. Pero la guinda la ponen las motivaciones económicas, precipitadas en un contexto de crisis que ha contribuido a asentar como “verdad social indiscutida en Cataluña” (Ramoneda dixit) el perjuicio económico de permanecer en España.
Si bien la manifestación del pasado 11 de septiembre vino alentada por el gobierno de la Generalitat, algo que han destacado muchos comentaristas es que el movimiento ha desbordado las expectativas de los políticos que la apoyaron. Literalmente, dicen algunos, el asunto se le está yendo a CiU de las manos. Esta consideración sirve para, desde una perspectiva vasca, hilar algunas reflexiones sobre las similitudes y diferencias entre los secesionismos vasco y catalán. Lo primero que destaca por si solo es el papel de la violencia política en ambos procesos: pase lo que acabe pasando en Cataluña, el independentismo vasco de izquierdas tendrá que acabar por reconocer que ETA no ha servido absolutamente para nada a sus aspiraciones. Es duro constatar que cuarenta años de actividad sanguinaria y sufrimiento (propio y ajeno) han sido totalmente estériles, que al punto al que se quería llegar se podía acceder por vías mucho más inocuas y efectivas. Tengo la esperanza de que los acontecimientos de Cataluña sirvan al menos para suscitar esta reflexión en las conciencias de los líderes, pasados y presentes, de la izquierda abertzale (que se exprese ya es otro cantar).
Hay una segunda gran diferencia entre la presente oleada independentista catalana y el secesionismo vasco: la primera es, con matices por supuesto, un movimiento cívico, una corriente “de abajo a arriba” que, larvada por los factores al principio señalados, acaba por arrastrar a los partidos hasta más allá de donde tenían previsto llegar (sea CiU, sea el mismísimo PSC o incluso ERC). Por el contrario el independentismo vasco, a expensas de lo que acabe ocurriendo en los próximos años, es un movimiento fuertemente politizado y monopolizado por partidos políticos: especialmente por las formaciones y siglas que se adscriben o han adscrito a ese conglomerado que llamamos “izquierda abertzale”, pero también, y a bandazos según conveniencia electoral, por el PNV.
A riesgo de equivocarme dudo que en la Euskadi de hoy pueda producirse un clamor cívico favorable a la independencia similar al catalán (aunque dicho sea de paso, el crecimiento de éste parece haber sido sorprendentemente acelerado). En cualquier caso y como hipótesis para considerar con mayor detenimiento me atrevo a aventurar que, ante similares condiciones sociales y políticas a las que se dan en Cataluña, dos factores, entre otros, contribuyen a explicar la contención del independentismo vasco entre los mismos nacionalistas: primero, la autonomía fiscal, que nos ha salvado de la proliferación de ese sentimiento de agravio económico que con tanta fuerza ha prendido entre los catalanes, incluidos los no nacionalistas; segundo, la existencia del fenómeno terrorista, que ha alejado a una enorme proporción de población de todo signo político de unos postulados que ETA estaba dispuesta a defender con tiros en la nuca y coches bomba. Así pues, el antes conocido como MLNV puede apuntarse en su haber su contribución a apagar la mecha de un independentismo cívico. Patética paradoja, ¿no?
+Info: repercusiones de la Diada 2012 hoy en El País.

jueves, 24 de mayo de 2012

(CONTRA)GOBIERNO MUNICIPAL EN DONOSTIA


Estamos acostumbrados a que las instituciones, para lustre del partido que las gobierna, saquen de vez en cuando folletos que ensalzan los méritos de su gestión. Es también normal que, llegada la época de elecciones, los partidos de la oposición hagan lo contrario y nos buzoneen panfletos recordando lo mal que lo ha hecho quién aun gobierna. Pero lo que a uno le desconcierta es recibir en su casa un opúsculo del partido gobernante en el que se pone a parir a la oposición. Esto es justamente lo que esta semana ha hecho la por ahora etérea izquierda abertzale que sostiene al gobierno de Bildu en Donostia. El motivo es la polémica estación de autobuses de la ciudad, que ya mereció un post en este blog por parecidas razones a las que ahora vienen a cuenta. A estas alturas no sé si merece la pena seguir discutiendo las bondades y maldades técnicas de los dos emplazamientos que se barajan, Riberas de Loyola (gobierno municipal de Bildu) o Atotxa (resto de partidos de la corporación). Es casi seguro que ambas opciones tienen ventajas e inconvenientes y ninguna de las dos es perfecta. Sea como fuere, salvo sorpresa de última hora, el pleno del día 30 de mayo tumbará la propuesta del gobierno municipal sencillamente porque la alternativa cuenta con el apoyo del resto de los partidos. Y estamos en éstas cuando la “base social” alza su voz para defender los intereses del pueblo, pisoteados no por el gobierno sino por la ignominiosa oposición. El mensaje que parece transmitir el folleto es que este gobierno no hace lo que debe hacerse (lo mejor para el pueblo, claro) porque el contubernio opositor se lo impide debido a intereses espurios.
Pienso que el panfleto de marras pone de manifiesto dos  asuntos que caracterizan la acción de gobierno de Bildu desde que ocupa cotas de poder de envergadura (en el Ayuntamiento donostiarra y en la Diputación Foral). El primero es su resistencia a renunciar a la estética anti-poder mientras ejerce el poder, lo que le lleva a continuar empleando la retórica de la oposición. Una agrupación con su trayectoria y su cultura política se siente mucho más cómoda oponiéndose que disponiendo y, como se dice más arriba, si algo le sale “mal” es porque los demás no le han dejado hacer lo correcto. La segunda cuestión que delata el panfleto es más peliaguda y tiene que ver con esa disciplina quasi religiosa con la que siempre se ha comportado el mundo abertzale. Bildu gobierna obedeciendo más que a un programa a una suerte de decálogo dictado desde no se sabe bien dónde y transcrito en pancartas, carteles, folletos, blogs y pasquines de variada iniciativa que se arrogan el “sentir del pueblo” con contundente autoridad. Diríase a veces que estos gobernantes están sujetos a la supervisión de un invisible comisariato político, sin cuyo visto bueno no se emprende ninguna iniciativa. Esta sumisión subrepticia, ese permanente temor a desairar a “las bases” y a su "politburó", explicaría en cierta medida la parálisis política de la que no sin razón se acusa a los gobiernos de la izquierda abertzale (y en la que hay que reconocer que también tiene su parte de culpa la crisis económica). El susodicho panfleto emerge aquí como un nuevo capítulo del catecismo mediante el que se avisa a la ciudadanía que los gobernantes de Bildu solo harán lo que quiera “su pueblo” (lo contrario no se debe hacer, y si se hace serán otros quienes lo hagan, contra la voluntad del pueblo por supuesto).
+Info: sobre el pleno que debatirá la cuestión de la estación de autobuses en el Diario Vasco. Un blog del entorno abertzale favorable a la ubicación en Riberas de Loyola. El folleto que han buzoneado.

martes, 17 de abril de 2012

AJUSTES Y RECORTES


Los ciudadanos no tenemos ni puta idea de sastrería: no comprendemos que ajustar un traje no es lo mismo que recortarlo. Como nuestras chaquetas nos quedan anchas de hombros y largas de mangas lo que hay que hacer no es “recortarlas” sino “ajustarlas”, lo que viene a consistir en poner la tela sobrante en la cintura de los pantalones para que además de llevar la chaqueta más “ajustada” nos apretemos bien el cinturón. Si es que no estamos nada puestos en corte y confección. El ministro Wert les ha comunicado  a los consejeros autonómicos de educación su nuevo modelo de sastrería contable: menos profesores, más horas lectivas por docente, más alumnos por aula, menos sustituciones… Todo para que la educación pública sea cada vez más low cost. Una de las consecuencias de esta suerte de ingeniería textil, al igual que paulatinamente ocurrirá en la sanidad, es que los usuarios con mayor poder adquisitivo irán cada vez más prescindiendo de los servicios educativos (o sanitarios) públicos para utilizar los privados. Pero en España, donde la educación privada en la práctica es educación subvencionada (a través del disparatado sistema de los colegios concertados), se va a dar la triste paradoja de que sigamos pagando con fondos públicos la docencia de los niños ricos en sus impolutos colegios-jardín mientras los hijos del vulgo se conforman con unas escuelas cada vez más infradotadas y masificadas. Hace unos años ya lo sugirieron los italianos Massimo Gardi y Edoardo Narduzzi en un premonitorio libro, El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste: el fenómeno low cost llegará a unos servicios públicos cada vez más parecidos a la antigua beneficencia reservada a los pobres. Así que mientras unos estudiarán en Zara, otros lo harán en Prada (eso sí, con ayudas del Estado, que manda huevos…).
Nota: una versión breve de este artículo se ha publicado en la sección Cartas al Director de El País
+Info: los recortes previstos en educación según El País

domingo, 15 de abril de 2012

14 DE ABRIL, DIA DE LA REPUBLICA: ELEFANTES Y BANDERAS


Este año el día de la República ha venido acompañado por dos curiosos acontecimientos que han añadido pintoresquismo a la efeméride. Por un lado, el monarca constitucional ha sido operado en el mismo día 14 de abril de las lesiones sufridas durante una cacería de elefantes en Botsuana. La primera pregunta surge por sí sola, ¿qué hacía Juan Carlos I cazando paquidermos en África un día cualquiera de Pascua? Los medios de comunicación en general han disculpado esta circunstancia (por muy rey que sea tiene derecho al disfrute de su ocio como mejor le parezca), poniendo el acento crítico en el hecho de que se desconociera el paradero del Jefe del Estado, toda vez que con cierta frecuencia la Casa Real no comunica fechas y destinos de los desplazamientos privados del monarca (Editorial de El País, 15 de abril de 2012). A mi la verdad, por muy legítimo que sea viajar por vacaciones, que ese tiempo de asueto se gaste matando elefantes en Botsuana no me parece detalle baladí, especialmente en nuestro angustioso contexto de crisis en el que semejantes aficiones nos resultan al común de los ciudadanos extravagantes y carísimos caprichos de millonario hortera al estilo Jesús Gil (¡qué poco cuesta imaginarse el orondo careto del inefable exalcalde de Marbella en lugar del rostro regio en las fotos que han circulado representando al monarca junto a un elefante abatido en pasadas y semejantes cacerías!). Así que los partidarios de la abolición de la monarquía se han encontrado con una anécdota que aporta descrédito a la institución real en fecha tan señalada como el 14 de abril.
El segundo acontecimiento no ha tenido tan amplia difusión y salvo quizás en nuestro entorno local vasco por lo general ha pasado desapercibido. Se trata de la sorprendente izada de la bandera republicana española que ha promovido Bildu en el ayuntamiento donostiarra con ocasión del 14 de abril. A mi ya me mosqueó ver ayer por ciertos locales de mi barrio (de acreditada filiación abertzale) banderas tricolores junto a huchas de recaudación por la causa de los presos etarras. La verdad es que no sé qué pensar: por un lado, como “unionista”,  me congratula constatar que quizá en el fondo nuestros actuales regidores abertzales y sus huestes no le harían ascos a una confederación con (el resto de) los españoles, siquiera bajo la férula de un gobierno republicano. Pero como esto no me lo creo no me queda sino pensar que tan pintoresca izada es simplemente un síntoma más de su descomunal cacao mental, que abraza toda suerte de causas con tal de que tengan resonancias ”contestatarias”, incluida ésta de la restauración de la República, que será española pero es antimonárquica.  Sería como para tomarlo a risa si no fuera por su contrastada eficiencia para fagocitar multitud de causas y movimientos cívicos (feminismo, ecologismo, internacionalismo, antimilitarismo y objeción de conciencia…). La causa del republicanismo supongo que se va a salvar por española, lo que en las mentes cortas de estos talibanes con genes carlistas frecuentemente equivale a decir “fatxa”. Aunque lo verdaderamente cómico de este asunto es que al final igual resulta que una corporación de Bildu tiene que responder judicialmente... ¡por ondear una bandera española!
+Info: sobre el percance del Rey en El País. Sobre la izada de la tricolor en Donostia, en El Correo.

jueves, 22 de marzo de 2012

ALGO VA MAL

Hará como un mes me llegó un folleto de la consultora laboral Asesoriza en el que se publicitaba sin el menor rubor un curso dirigido a empresarios para sacar partido de la nueva reforma laboral. También por esas fechas TVE emitió un reportaje sobre el mundo de la industria del lujo en el que se constataba que en estos tiempos de crisis, ajustes y recortes la venta de ciertos productos y servicios de alto standing crecía de forma vertiginosa. Justo entones, con algo más de un año de retraso tras su publicación, había acabado de leer “Algo va mal” de Tony Judt, último libro publicado por el historiador británico que falleció prematuramente en 2010. El texto es una acalorada defensa de lo público, de las bondades de la acción colectiva ejecutada por los Estados democráticos a favor del bien común, entendido éste como una vida mejor para el conjunto de los ciudadanos y un consecuente estrechamiento de la desigualdad social. El diagnóstico de Judt es desalentador: los progresos logrados tras la Segunda Guerra Mundial (New Deal, Estado del Bienestar, socialdemocracia europea…) se vienen desmoronando inexorablemente desde los años 80, de manera aun más acelerada en la última década al albur de la crisis financiera que justifica sin apenas contestación la reducción del gasto público. Quizás el libro peque de una visión excesivamente optimista sobre las mejoras sociales de los años 50-70 del pasado siglo, especialmente si la experiencia personal de uno toma como referencia lo que ocurría en España, donde nuestra aproximación al Estado del Bienestar empezó a construirse en los años 80, precisamente cuando en el mundo anglosajón de Judt llegaban los recortes (eras Reagan en USA y Thatcher en el Reino Unido). Pero con independencia de esta perspectiva acusadamente anglocéntrica, el libro contiene un mensaje para todos aquellos que se dediquen a hacer política en cualquier lugar del mundo: la necesidad de que, al programar la acción del Estado, prevalezcan las consideraciones morales por encima de las consideraciones basadas exclusivamente en el principio de la eficiencia económica. Solo así la acción de gobierno puede asegurar una mejora de las condiciones de vida de la gente.
Volvamos al folleto de Asesoriza y al reportaje de TVE, a la insensibilidad con la que los consultores del curso para empresarios sugieren tratar a los empleados o a la impudicia de la que hacen gala los super-ricos que no se enteran de la crisis. De manera complementaria ambos ponen de manifiesto la cada vez más acusada tendencia centrífuga de la escala social: los graves (los asalariados, las clases medias, los pobres) van para abajo mientras los agudos (los privilegiados, los ricos) van para arriba. Es difícil dilucidar cómo hemos llegado hasta aquí, hasta este punto de la pendiente por la que parece que nos vamos a seguir deslizando la mayoría, pero al pensar en las políticas de estos últimos años y en las formas en que se manifiestan quienes de ellas parecen beneficiarse (los empresarios que aplicarán las sugerencias de Asesoriza, los millonarios que gastan hoy más que ayer y menos que mañana) me viene a la mente la conclusión esencial del libro de Tony Judt: en la toma de decisiones políticas ha pesado mucho más el canon de la eficiencia económica que las condiciones de vida de las personas. La economía se ha impuesto a la ética, el tener al ser. Llegados a este punto creo que la gran consigna de la izquierda debería ser la apuesta por la recuperación del ideal moral del bien común. Pero, ¿todavía estamos dispuestos a luchar por ello? De momento, y bajando a la arena terrenal de nuestro entorno, creo que hay motivos para la huelga del 29 de marzo. Motivos morales.
+Info: sobre el libro de Tony Judt. Una explicación prolija sobre los efectos de la reforma laboral en Attac TV.

jueves, 24 de noviembre de 2011

COLECCIONISMO

La panoplia de experiencias virtuales que nos deparará este Mundo 2.0 en el que ya estamos plenamente instalados puede abarcar facetas insospechadas. Como la del coleccionismo artístico. La empresa británica [s]edition así lo ha comprendido y desde hace poco vende arte para el iPad, el iPhone o hasta, con permiso de Apple, para la Blackberry y otros cachivaches del estilo. El invento consiste en encargar a artistas contemporáneos de prestigio la producción de una serie de obras que se distribuirán, en número limitado, sólo en soporte digital y a precios “asequibles” (entre los 8 dólares de un Noble y Webster y los 800 de un vídeo de Damien Hirst). Se pone así al alcance del ciudadano corriente la posibilidad de poseer una obra de arte exclusiva que podrá disfrutar cuantas veces quiera en su dispositivo portátil o en la pantalla de su televisor (suponemos que en FullHD). Lo supuestamente más atractivo de esta propuesta es que no nos hacemos con una mera  copia, como cuando adquirimos una lámina impresa en la tienda de un museo, sino que obtenemos un original, igual que si nos lleváramos el lienzo o la escultura de una galería o una casa de subastas. La empresa vendedora garantiza mediante un certificado la autenticidad del producto adquirido, del que sólo se distribuirán un número limitado de unidades (algo así como si de grabados numerados se tratara) que no pueden ni imprimirse ni transmitirse a terceros. Una propuesta original que supone un paso definitivo en esa desmaterialización del arte de la que se habla desde los tiempos del arte conceptual: el cliente no compra exactamente un objeto (artístico) sino un paquete de bits que se recomponen mediante una aplicación informática en diferentes momentos y lugares cada vez que desea disfrutar de su obra. Pero además de esta consideración estético-conceptual esta novedosa fórmula de comercialización del arte suscita alguna que otra incertidumbre.
Para empezar no queda muy claro si uno adquiere “originales” o “copias”. El arte digitalizado convierte la obra en un objeto inmaterial e infinitamente reproducible en distintos contextos (la calle, mi casa, el café) y sobre diferentes soportes (el ordenador, la televisión, una tableta), de manera que uno nunca sabe si contempla “la obra” en sí o su imagen. Hasta cierto punto esto mismo pasa, en el ámbito del arte tradicional, con las series de grabados o con la fotografía analógica. La diferencia es que en estos casos cada nueva unidad requiere la intervención de su autor o del técnico que, mediante la manipulación de la matriz o el negativo, produzca una nueva unidad original (que no copia). Estas nuevas obras digitalizadas son en cambio ilimitadamente reproducibles sin intervención de sus responsables (ni artísticos ni técnicos) de manera que solo la existencia de un certificado garantiza la originalidad de la unidad que poseemos. En potencia, nuestro original podría ser infinitamente copiado y las sucesivas unidades solo perderían la condición de originales por el simple hecho de carecer del certificado de autoría.
Por esto precisamente uno de los problemas de esta modalidad de coleccionismo es el elevado riesgo de devaluación, dada la hasta hoy demostrada facilidad con la que los objetos digitales pueden ser copiados y transmitidos. Así, a los ámbitos creativos que han ido cayendo en el círculo de la piratería digital (cine, música, literatura también) se suman las artes plásticas, susceptibles también de ser redistribuidas por sistemas P2P o colgadas en webs de descargas gratuitas. Bien es cierto que en rigor así solo obtendríamos “copias”, pero también existe la posibilidad de que acaben pirateándose los certificados de autenticidad, con lo cual la propiedad de la obra quedaría devaluada y el negocio de comercialización seriamente resentido.
Last but not least, hay que hacer notar que por primera vez el marco puede ser mucho más caro que el cuadro, algo especialmente llamativo en este mundo del arte contemporáneo que ha prescindido de los marcos conforme incrementa el precio de los lienzos. Si adquirimos un Emin digitalizado por, pongamos, 50 euros y deseamos que presida nuestro salón desde una vistosa a la par que discreta pantalla LCD de 42 pulgadas no cabe duda de que el continente será notoriamente más costoso que el contenido. Paradoja que queda  atenuada por  la posibilidad de disfrutar en el mismo marco de toda la colección de “obras” que poseamos, proyectadas a nuestro antojo cual si de una presentación Power Point se tratara. Todas ellas originales, claro, hecho que podremos acreditar fehacientemente mediante la exhibición simultánea o paralela de certificados de autoría en la misma pantalla del televisor, para la admiración y pasmo de nuestros invitados.
+Info: sobre el lanzamiento de [s]edition en El País

miércoles, 19 de octubre de 2011

CONFLICT? WHAT CONFLICT?

Hace unos años un joven que se encontraba de Erasmus en Alemania me pidió que echara un vistazo a un texto que quería usar como guión para una exposición sobre la situación política vasca. Aunque se posicionaba inequívocamente contra el terrorismo, su argumento central venía a ser que el pueblo vasco no podía ejercitar su mayoritariamente ansiado derecho a la autodeterminación por la “opresión” del estado español, y éste es el germen de un problema que aunque no justifica sí explica la existencia del terrorismo. Quizá sin saberlo, el joven en cuestión estaba actuando como transmisor internacional de la tesis central de la entonces legal Batasuna, un modo de pensar que no solo no ha perdido adeptos sino que con el eclipse de ETA incluso los ha ganado. Siempre me ha asombrado la habilidad mercadotécnica de la izquierda abertzale que, dejando a un lado su justificación a ETA, ha sabido vender por el mundo su visión de la cuestión vasca con más éxito que cualquiera de los gobiernos españoles. El argumento arriba expuesto (idea fuerza de toda una comunidad abertzale en la que el complemento “apoyo a ETA” es optativo) no solo lo suscriben miles de vascos, es también la idea colectiva más extendida sobre la cuestión vasca en el conjunto de Europa, donde personas de cualquier ideología más o menos informadas son proclives a pensar que Euskadi es poco menos que una colonia oprimida por la metrópoli española contra la voluntad de su pueblo. Este asombroso ejercicio de marketing le ha permitido ahora a la IA escenificar el comienzo de una nueva era en la que, para pasmo de algunos, la hasta hace poco incuestionable mayoría social antiterrorista se torna en mayoría social “a favor del acuerdo”. Y todo con el acreditado concurso de prestigiosos mediadores internacionales.
La reciente Conferencia de Ayete es el último y más elaborado producto publicitario de los creativos abertzales, que han contado para su spot con estrellas del calibre de Kofi Annan y otras figuras de renombre mundial a las que se ha invitado a declamar un guión de retórica inequívocamente abertzale en el que caben expresiones como “superar el conflicto” o “confrontación armada”. Ni una mención al terrorismo, por supuesto. Dice un amigo muy optimista que esta escenificación es una pasarela para ponerle las cosas fáciles a ETA y que lo importante es que, una vez lanzado, ésta coja el guante y acepte tan educada invitación a dejar las armas. Si así ocurriera, continúa, demos por bien interpretada la función. Pero para mí, con ser esto importante, la conferencia y todo lo que la rodea están produciendo una distorsión del relato histórico reciente que puede acabar por condicionar nuestro futuro próximo. Dos son las cuestiones que la euforia post-terrorista intentará imponer en el discurso dominante venidero. La primera y más evidente, de la que ya se ha escrito algo en este blog, es la atenuación de la responsabilidad histórica (y criminal) que le corresponde a ETA. En aras de una necesaria reconciliación, se está promoviendo desde el ámbito abertzale un relato mistificado que prescinde de los datos cruentos del pasado. La reconciliación no puede eludir el reconocimiento del mal causado pero de momento se pasa de soslayo sobre esto y buena prueba de ello se encuentra en el rebuscado lenguaje de la declaración de Ayete o en los guiños a la “responsabilidad de ETA” por dar los pasos que está dando, como si todavía tuviéramos que agradecérselo. En definitiva, se adivina un nuevo intento de incurrir en la amnesia histórica al estilo de la que prevaleció en la Transición y cuyas consecuencias aún pagamos.
La segunda cuestión que amenaza con imponerse en el discurso socialmente predominante en Euskadi es la de la naturaleza del “conflicto” y consecuentemente las recetas para su verdadera “solución”, que por supuesto pasan por el tan citado “derecho a decidir”. Esto nos lleva al comienzo de este artículo, al paradigma interpretativo de la izquierda abertzale y de parte del nacionalismo moderado, que desde hace lustros viene cultivando la idea de que el País Vasco no puede realizarse políticamente porque España (y Francia) se lo impiden. Llevaría demasiado espacio rebatir cabalmente esta idea, cuya construcción y consolidación en una porción importante de la mentalidad colectiva se ha venido fraguando a lo largo de mucho tiempo, pero de momento creo que conviene recordar algo que se olvida con frecuencia: el conflicto vasco no es un conflicto entre pueblo vasco y Estado español (o francés) sino, en todo caso, un desacuerdo político entre los propios vascos, que disentimos sobre la vinculación que esta tierra ha de tener con España. Si aceptamos que la raíz del conflicto es la diversidad identitaria (como reconocía ayer el editorial del mismísimo Deia) no vale sostener que el estado español escatima el derecho a decidir al conjunto del pueblo vasco, salvo si entendiéramos que los verdaderos vascos son solo los nacionalistas, a los que se supone que no satisface esa vinculación con España sobre la que hay que decidir de nuevo. Dicho de otra manera, el problema consiste en que una porción de la población vasca no está de acuerdo con la actual inserción de Euskadi en España. Hasta ahora una banda armada tomó partido por esta porción y se dedicó a matar y a extorsionar para presionar contra el status quo a favor de sus aspiraciones. Parece que, debilitados y censurados por sus antiguos seguidores, ahora van a dejarlo. Guste o no guste este es un resumen de lo que ha pasado. Creo que vistas así las cosas equiparar la violencia armada de ETA y la negación del derecho a decidir (conceptualizada como otra suerte de violencia) y consecuentemente situar en esta confrontación la raíz del “conflicto” es una descomunal falacia. El corolario de esta hipótesis podría ser que desaparecida la primera de las violencias (y ojalá así sea desde pronto) la única que queda es la otra, la del Estado que niega derechos. ¿Caerá la mayoría de la sociedad vasca en esta trampa conceptual?
Llegados a este punto no pretendo decir que el actual marco político sea inamovible ni que, más tarde o más temprano no nos veamos abocados a una consulta como la que en 1979 tuvo lugar sobre el actual Estatuto. Pero para que eso suceda será necesario un acuerdo que se sirva de los cauces legales existentes, por supuesto sin la amenaza latente de ETA. Porque nuestro problema no está en Madrid sino entre nosotros mismos (con o sin ETA).
+Info: sobre la conferencia de Ayete en El Correo de hoy

viernes, 14 de octubre de 2011

DONOSTIA Y SU GOBIERNO OPOSICION

No pretende ser esto un análisis profundo, eso requeriría mucho más tiempo del que por desgracia dispongo para este escuálido blog, pero sí al menos una observación. En los cuatro meses que Bildu lleva al frente del ayuntamiento donostiarra la sensación que ha transmitido es la de provisionalidad: la ciudad sigue funcionando (faltaría más, al fin y al cabo que eso ocurra depende menos de la corporación que de los trabajadores municipales) pero ni se percibe un cambio sustancial en los servicios a los ciudadanos ni, sobre todo, se vislumbra intención de promover en un sentido u otro la materialización de los proyectos e infraestructuras pendientes. Con independencia de la opinión que muchos de estos merezcan (Tabakalera, metro, Audizt Akular…) hay uno cuya necesidad clama al cielo: la estación de autobuses, un equipamiento del que la ciudad carece, aunque parezca increíble en pleno siglo XXI y tratándose de un destino turístico. Pues bien, en esta como en otras cuestiones la nueva izquierda abertzale municipal se comporta como venía haciéndolo desde sus tiempos de aguerrida oposición: se opone pero no dispone. La nueva consigna del equipo de gobierno (olvidémonos del proyecto existente y parcialmente comprometido para construir la estación en Atotxa y retomemos el viejo proyecto de ubicarla en Riberas de Loyola) no es sino un mensaje a sus votantes. Saben perfectamente que tal idea no va a prosperar con una oposición que la rechaza en bloque, pero mantienen intacta la aureola de fidelidad a sus principios transmitiendo la idea de que lo que ocurra o deje de ocurrir se hará por encima de ellos, pisoteados como siempre (hasta cuando gobiernan). Quizás por falta de costumbre, a Bildu le resulta incómodo gobernar, al menos con la responsabilidad que comporta hacerlo en instituciones como el Ayuntamiento de Donostia o la Diputación de Gipuzkoa. Gobernar, sobre todo cuando se está en minoría, implica pactar soluciones con tus adversarios, llegar a acuerdos que a veces no casan con lo que propones en tu programa y precisamente por eso, arriesgarte a concitar el rechazo de parte de tus votantes, a los que quizá no les guste la solución adoptada. Pero es que se gobierna para todos, no solo para contentar a los que te han votado (aun si muchos de ellos, al menos en el caso de Bildu, te voten más por lo que representas que por lo que programes hacer). Desde luego en el caso de la estación de autobuses yo no sé si Atotxa es la mejor ubicación pero si sé que es mejor tenerla allí que no tenerla en ninguna parte.
+Info: el asunto en el Diario Vasco

jueves, 30 de junio de 2011

CAPITAL CULTURAL

El que esto suscribe, ni ha vivido con excesivo entusiasmo lo de la capitalidad cultural europea en 2016 ni, desde luego, se siente próximo al actual gobierno municipal de esta ciudad de Donostia (a la vista está en recientes posts de este mismo blog). Pero como vecino donostiarra me parecen injustas las insinuaciones que desde otras ciudades candidatas a la capitalidad se están lanzando tras conocerse la designación de San Sebastián, incluidas las amenazas de impugnar el fallo. El alcalde de Zaragoza Juan Alberto Belloch es quizás quién con más énfasis ha cuestionado la decisión del jurado internacional y curiosamente el argumento al que apela es la razón política como sustento de una designación que, consecuentemente, estima improcedente. Digo curiosamente porque en esta ciudad precisamente lo que se temía es que las razones políticas, con Bildu en la alcaldía, más que beneficiar perjudicarían la elección de Donostia. A esto yo añadiría tres observaciones que, no por obvias dejan de merecer ser resaltadas. Lo primero, debemos tener en cuenta que el trabajo previo de la candidatura y posiblemente la ejecución futura del programa a partir de 2016 no tienen ninguna vinculación con las siglas políticas que actualmente gobiernan la ciudad, con lo cual el presunto castigo a Bildu en realidad castigaría un trabajo al que esta formación política es hasta ahora ajeno. Lo segundo, sería injusto privar de esta oportunidad a toda una ciudad en la que conviven gentes de las más diversas ideas porque en unas elecciones municipales resultó vencedora relativa la izquierda abertzale. Y lo tercero y más importante: ¿no sería tan política y por tanto injusta y ajena al contendido del proyecto cultural una decisión que evitara la designación de San Sebastián por el simple hecho de que en esta ciudad gobierne Bildu? Si los detractores de la elección del jurado le han reprochado razones políticas no entiendo como olvidan que apartar a San Sebastián por el color de su gobierno municipal es una razón tan política como la que se denuncia. Porque si lo que ha de primar es la calidad del proyecto cultural, la adscripción política del alcalde debería ser cuestión baladí, tanto en un sentido (a favor de la candidatura) o en otro (en contra). Un proyecto que en el caso donostiarra, no lo olvidemos, tiene el consenso de gentes de todas las ideologías, incluidos los que gobiernan (Bildu), los que gobernaban hasta ahora (PSOE) y hasta los que tanto antes como ahora son oposición (PP y PNV). ¿No es bueno esto en un país en el que nos cuesta tanto ponernos de acuerdo?
+Info: hoy en El País sobre la impugnación de la elección de Donostia.

martes, 31 de mayo de 2011

AMNESIA COLECTIVA (EL 22-M EN EUSKADI)

Han pasado más de dos meses desde el último post y en este tiempo han ocurrido unos cuantos acontecimientos de los que llenarán páginas en los manuales de historia (o al menos en los anuarios periodísticos del próximo año nuevo). Sobre todos ellos, dos: las revueltas en el mundo árabe (con su epigónica guerra en Libia) y las protestas del 15-M que tienen su imagen emblemática en los acampados en la Puerta del Sol madrileña. Asuntos muy enjundiosos ambos, mucho más seguramente que el sempiterno monotema sobre el que ahora vuelvo y que, cuarenta años después, sigue dando mucho dolor de cabeza en este país que reserva tanta mirada para su ombligo. Porque, lo siento, de todo lo ocurrido en estos dos meses y pico lo que más ha calentado mis neuronas es el vuelco político del 22 de mayo, jornada que por cierto viví por primera vez como vocal en una mesa electoral. Y no por la anunciada debacle del PSOE, ni por la previsible victoria del PP, sino sobre todo por el aluvión de votos que cosechó Bildu, especialmente en mi ciudad y en mi provincia. Ya se sospechaba que algo así iba a ocurrir pero no deja de sorprenderme que, en las municipales, 276.000 personas en la CAPV (un 25 % de los votos, casi mil concejales) y otras 37.000 en Navarra (más de 313 mil en total) se hayan decantado por esta coalición de tan estrepitosa génesis.
¿Qué explicación tiene esta eclosión espectacular en la que con seguridad han participado miles de personas bienintencionadas para las que el terrorismo es una cruel aberración? Mi razón no alcanza a verla, al menos si me limito a las explicaciones convencionales sobre el comportamiento electoral. Y no lo concibo porque, por encima de las razones subyacentes que podamos suponer (la confianza en ese nebuloso proceso de paz que presuntamente impulsaría el éxito electoral de Bildu, el voto de castigo al gobierno, el entusiasmo por la novedad y hasta la sensación de “voto útil”) no acabo de comprender que esa gente bienintencionada haya olvidado las consideraciones éticas. Algo tan sencillo como que el día de las elecciones, apelando a un presente provisionalmente en paz, los promotores de Bildu seguían considerando la acción pasada de ETA como un episodio que no merecía ningún tipo de reprobación retrospectiva. Bildu nunca ha dicho no a ETA, cosa que sí hizo Aralar en 2001. El naufragio de este partido, cuya trayectoria empieza a recordar a la de Euskadiko Ezkerra en los 80, es un síntoma del particular ethos vasco: el imaginario colectivo ha preferido a los “auténticos” (Bildu) frente a los advenedizos (Aralar), sin importar la trayectoria precedente y reciente de ambos, toda vez que el nuevo escenario impone un borrón y cuenta nueva proclive a la amnesia. El olvido se impone así de manera inconsciente, dejando paso a un entusiasmo que prescinde de la memoria para manifestarse tomando en consideración exclusivamente los datos del presente. Ha debido de ser muy buena la técnica de sugestión de Bildu para amasar semejante caudal de conciencias pacíficas (eso quiero pensar) dispuestas a obviar la trayectoria pretérita de una opción política en la que la presencia de EA y Alternatiba era meramente cosmética. Sobre todo porque ese pasado olvidado es muy reciente.
Está bien que la izquierda abertzale se incorpore a la vida política civilizada pero conviene ser cautelosos: los discursos, incluso las maneras, se cambian fácilmente, de un día para otro. Las formas de ser, mutan más despacio. Y uno no es lo que es simplemente porque lo diga; además, tiene que poder demostrarlo, lo que requiere un tiempo. Pienso que este voto de confianza ha sido excesivamente impulsivo y ha obviado los plazos de una reconversión moral pendiente y necesaria.
Nota: una versión de este artículo se ha publicado en la sección Cartas al Director de El Diario Vasco
+Info: datos sobre los resultados electorales en el País Vasco